| Humberto Lozan |
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Humberto Lozán, el caballero de la música. por nano acevedo Humberto Lozán se ha marchado, como un caballero de la vieja escuela. En los años 50 remeció el repertorio chileno con música bailable inteligente, cuidada, armoniosa .Muy distinta a los engendros actuales. Hombre de sensibilidad social clara y definida, no dudó en adherir al Doctor Allende. Pudo ser éxito en el extranjero, prefirió su tierra. Nunca dejó de cantar y contar. De avizorar otros nortes para la música chilena. Habría que decir que fue un visionario, un renovador, un cantante excepcional. Recuerdo: Barrio San Diego, década de los 60. El Teatro Caupolicán está de bote en bote. La multitud corea “El bodeguero”, “El Yerberito”, “La blusa azul” y “Quémame los ojos”. La orquesta “Huambaly” de Lucho Kohan hace vibrar los días de un pueblo generalmente triste, en su formación los mejores músicos imponen su magia. Las viejas góndolas y el carro 36. El matadero de Franklin y las peleas “mundiales” de “Peloduro” Lobos y Sergio Salvia. Esa es la escenografía aldeana de un Santiago mucho más humano y solidario, con la que convivió Humberto Lozán. Años del circo chileno que nos dio fama. Con el Tonie Caluga- Abraham Lillo Machuca- y Chicharrita dignificando la comicidad sana y creativa, que se nos fue irremediable. Tiempo de “Los Peniques” y “Los Caribes”, de Antonio Prieto y Lucho Gatica. De un Colo Colo campeón en los pies de “Cúa Cúa” Hormazaval y “Chamaco” Valdés. Recién asomaban su plumaje los futuros ídolos de la “Nueva Ola”: la incendiaria personalidad de Cecilia y la solidez de Buddy Richards. Viernes y sábados, miles de fanáticos poblaban las calles aledañas para asistir a los espectáculos que don Enrique Venturino y su Empresa Chilena Cóndor producían en el coliseo Sandieguino. Artistas difundidos a toda hora por las radios nacionales. ¡Que tiempos aquellos! Era una fiesta, nunca he visto presentaciones tan multitudinarias, filas interminables llegaban desde las puertas del Teatro Caupolicán por Copiapó hasta Serrano y por Coquimbo hasta Arturo Pratt. Época de oro de la música chilena: en las radios la voz de Humberto Lozán acaparaba preferencias. Sus discos se vendían por miles. Más seguía siendo el hombre amable y sonriente, despojado de toda afectación. Viajó y triunfó. En la alquimia de su arte, el bolero, lo tropical y romántico tenian otro sabor. Supo de los mejores escenarios extranjeros y los éxitos de sus discos fueron incalculables. Luego, la misma oscuridad que nos sumió a todos. La mordedura de la cesantía y el “pago de Chile”. Más Humberto en su mayúscula dignidad siguió cantando y confiando. Hoy nos deja, parte con su valija liviana; “cuando se han hecho realidad los sueños, se viaja ligero de equipaje”. Gracias Humberto Lozán, por la canción de la infancia y la amistad amaranto. |
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