Clara Solovera Imprimir E-Mail
CLARA SOLOVERA, por Nano Acevedo

Mira que clarita
va corriendo el agua,
mira que blanquita
se asoma tu enagua,
como que se esconde,
como que se asoma,
como que si fuera
una blanca paloma.
Como que se asoma,
como que se esconde,
como sin que sepa
ni cuando ni donde...

Las voces infantiles junto a los acordes de las guitarras se escapan  por las ventanas y  derraman su alegría por el corredor de la escuela. Cantan alegremente una tonada que ya cantaron sus padres con la misma energía y alborozo. Se trata de la tonada “La Enagüita”, de Clara Solovera.
Y nadie se extraña  frente a este fenómeno de persistencia en el tiempo y en la memoria; es que la tonada  “La enagüita”, de Clara Solovera, ha  sido interpretada por generaciones de niños en los colegios de Chile, ha sido cantada por padres, hijos y abuelos.

Su autora, Clara Solovera, es una maestra que nació en Santiago el 15 de Mayo de 1909. Estudió Pedagogía en Castellano en la U. De Chile y se adentró en el mundo de las letras y la música, haciendo florecer su vocación musical que atesoraba en lo profundo de su alma.
A los 48 años de edad, compone la tonada “Chile Lindo”, que por su gran éxito, pasa a convertirse en un clásico de la música de raíz folklórica Chilena. Este éxito la impulsa a continuar creando canciones de diferentes géneros, tales como cuecas, tonadas, trotes, cachimbos, resfalosas, valses, etc. dejando a la cultura musical chilena un legado de más de 200 canciones.

En sus composiciones Clara Solovera plasma el inmenso amor y orgullo que profesa por su tierra y manifiesta en ellas una gran sensibilidad, la que le permite realizar un retrato de la idiosincrasia del hombre y la mujer del campo de Chile; de sus sentimientos y pensamientos, sus amores, sus penas y alegrías, sus anhelos. Así lo manifiesta en sus tonadas más conocidas como: “Mata de arrayán florido”, “La manta de tres colores”,
“La enagüita” y muchas otras más.
Su composición “Álamo Huacho”, en la voz de Los Huasos Quincheros, obtiene el primer lugar en el IV Festival de la Canción de Viña del Mar.

Su fructífera labor creativa se detiene un 27 de Enero de 1992, momento en que pasa a integrar la galería de honor de los más importantes compositores chilenos; pero su nombre queda grabado en forma indeleble en la memoria de todas las generaciones de niños que crecieron cantando sus composiciones y que hoy ya adultos, al escucharlas, vuelven a acercarse al luminoso candil de la tradición.  
 
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