| Poesias de Papa |
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De PANTALON LARGO. Antonio Casero. Esta Pepe “ el Rosca “ y esta “la Milagros “, que bailan de gozo porque su muchacho cumple doce abriles y pa celebrarlos hoy ponen al chico pantalones largos. Hay que ver al chaval hecho un hombre anda recio y bracea con garbo, y su padre y su madre le miran y lo abrazan y dicen: ¡ Dios santo, si parece mentira que sea este mozo el mocete de antaño; si parece que esta mas crecio y hasta ya da vergüenza besarlo!... Jesús, como pasan los pícaros años; si nos hace viejos, si nos hace ancianos miá este renacuajo y ¡ que bien le quedan los calzones largos ! Las vecinas se salen a verlo y al cruzar el chaval por el patio, le jalean, le aplauden y gritan -¡Olé ya por los cuerpos serranos! -¡Que Dios bendiga a los mozos de rumbo!” -¿ Vas por novia por un por si acaso! Porque aquí tengo yo una morocha que también ha vestío de largo. Y el chico camina mas serio que un ajo y el padre y la madre, detrás del muchacho, sonríen al verle tan serio y tan guapo Van en ca del agüelo Faustino, que no sabe palabra del caso, y le quieren largar la sorpresa, y suben, y llaman y sale el anciano, que al ver a su nieto va y dice: -¡Repuño! ¿Quien es este señor tan reguapo?... y le mira y le abraza y le besa, y el pobre aguelete llora de entusiasmo, y vuelve a mirarlo, y vuelve a besarlo y quie convencerse, y de arriba abajo contempla al chiquillo y dice, cambiando de tono, al mocete que escucha al agüelo, y al padre y la madre que están extasiados: -Hijo mío: hoy te visten de hombre siendo niño; no sabes lo amargo y difícil del trance, la vida, que, aunque a broma, si bien, lo tomamos, tu no sabes lo serio hijo mío, que es dar en el mundo este paso. Muchas veces, hijito del alma, os vestimos, alegres de largo y después de algún tiempo decimos, al mirar que no vais caminando por el mundo por guenos senderos: ¡Quien pudiera volver a otros años! ¿Quien pudiera vestirle de niño! Al que de hombre vestí, cielo santo ! Y basta de penas y sermones rancios; ¡toma! Pa que invites a toos, y cuidado a quienes invitas, que hay amigos malos... ¡Jesús, como pasan los pícaros años; miá este renacuajo y ¡que bien le asientan los calzones largos! CASTILLA. Manuel Machado. El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga de luz los petos y espaldares y flamea en las puntas de las lanzas. El ciego sol, la sed y la fatiga. por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga. Cerrado esta el mesón a piedra y lodo... Nadie responde: Al pomo de la espada y al cuento de las picas el postigo va a ceder... ¡ Quema el sol, el aire abraza! A los terribles golpes de eco ronco, una voz pura, de plata y de cristal, responde... Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral. Es toda ojos azules, y en los ojos lagrimas. Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada- “Buen Cid, pasad... El rey nos dará muerte, arruinará la casa, y sembrara de sal el pobre campo que mi padre trabaja... Idos. El cielo os colme de venturas... ¡ En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!” Calla la niña y llora sin gemido... Un sollozo infantil cruza la escuadra de feroces guerreros. Y una voz inflexible grita: “¡En marcha!” El ciego sol, la sed y la fatiga. Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga. LA CASADA INFIEL Federico García Lorca. Y yo me la lleve al río creyendo que era mozuela, pero tenia marido. Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las ultimas esquinas toque sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oido como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los arboles han crecido y un horizonte de perros ladra muy lejos del río. Pasadas las zarzamora, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quite la corbata. Ella se quito el vestido. Yo el cinturón con revolver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la lleve del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios. Me porte como quien soy. Como un gitano legitimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido, me dijo que era mozuela cuando la llevaba al río. |
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